Dos manecitas inquietas,
daban vueltas y vueltas,
separadas y dispuestas.
Y al llegar a un punto clave,
las dos se tocan, se besan.
Cada tanto se detienen
pues se cansan de dar vueltas
y si tu no las manejas,
quedarán calladas quietas.
Si sabes tu lo que son,
un besito yo te doy.
Sí, sí, sí!
Las manitas del reloj
Cony Spataro
1994

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